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La carta de un heraldo abogado sobre el Comisariado9 minutos para ler

El 2 de octubre de 2019, un miembro de los Heraldos había escrito una primera carta al renombrado vaticanista Marco Tosatti, para compartir con él algunas reflexiones sobre los procedimientos canónicos que se estaban aplicando a los Heraldos del Evangelio.

Diez días después, el 12 de octubre, otro miembro de los Heraldos decidió hacer lo mismo, esta vez para refutar las calumnias que un periodista estaba difundiendo. Una vez más, sin entrar en el mérito de las opiniones que contiene, creemos oportuno que esta carta —reproducida en varios medios— se publicara aquí para ayudar a nuestros lectores a contextualizar .



Estimado Dr. Tosatti:

En primer lugar, quiero agradecer su amable acogida y reciente publicación del testimonio de mi hermano de vocación. Él mismo me ha animado a escribirle ahora. Soy laico, soltero, abogado, brasileño, tengo 53 años y pertenezco a los Heraldos desde su fundación. También fui, durante un mandato, secretario general de la Asociación.

Escribo porque, desgraciadamente, siguen apareciendo noticias fantasiosas sobre los “Heraldos del Evangelio”, puestos en el paredón de la calumnia. Por esta razón, propongo algunas reflexiones que me permito compartir con usted y, si lo desea, con sus queridos lectores.

Para ser breve, me concentro sólo en una de las noticias publicada sobre nosotros: “Heraldos comisariados: interrogantes para los críticos”, del reverendo padre Lorenzo Prezzi, SCJ, publicado en el sitio Settimana News, conocido por los visitantes de Stilum Curiae. El periodista, un religioso, en un estilo dulce y misericordioso, no tuvo la amabilidad de escuchar a la parte acusada, según me han informado mis compañeros italianos. El P. Prezzi, como se sabe, rinde homenaje a ciertos líderes del Vaticano con un respeto religioso, pero no es precisamente un amante de instituciones como los Franciscanos de la Inmaculada o de otros por el estilo…

***

1) La primera burla del padre dehoniano recae sobre nuestro hábito, considerado por él como un “uniforme curioso”. En su “imaginación” —expresión suya—, el hábito de los Heraldos se parece al uniforme de los “mosqueteros”. De hecho, se comprende que alguien a quien no le guste mucho vestir su traje eclesiástico (CIC c. 284) se burle de un hábito reconocido por la Iglesia y por el derecho propio (CIC c. 669 §1). Y, por coincidencia, atrae mucho a los jóvenes. Quizá incluso más que las plumas de los amazónicos, tan de moda hoy en día…

Sobre este punto me surge la pregunta: si los Heraldos son la reedición de los “mosqueteros”, ¿quién será actualmente el maquiavélico cardenal Richelieu? ¿Y quiénes serán sus malvados guardias? Al final de mi carta, intentaré responder a estas preguntas.

2) Después, el P. Prezzi revela un supuesto secreto: la institución de la Siempreviva, que sería una especie de sociedad secreta, destinada a realizar una especie de culto a los fundadores de esta Obra. Por lo que respecta a este tema, no hay nada en contra de la doctrina de la Iglesia. Es necesario recordar que ya se ha tratado ampliamente de esa institución en el pasado, y también recientemente en la obra de cinco volúmenes El don de la sabiduría en la mente, vida y obra de Plinio Corrêa de Oliveira, publicado sin secretos por la Libreria Editrice Vaticana, y con más de cien mil ejemplares por volumen. Siendo así, invito al reverendo padre a informarse mejor sobre nosotros antes de tirarnos piedras. Por otro lado, ¿qué sentido tiene censurar el culto a personas que han muerto en olor de la santidad, cuando hoy presenciamos rituales ancestrales, no precisamente litúrgicos ni católicos, dentro del propio Vaticano?

3) El artículo del P. Prezzi vuelve con la cantinela de los exorcismos. Ya Santo Tomás había dicho que las acusaciones sirven para aclarar la verdad. Pues aquí está, y espero que definitivamente. Conviene recordar que la mayoría de las frases sacadas de los vídeos han sido presentadas fuera de su contexto. Concretamente, se trataba de presuntas declaraciones del diablo a través de una persona poseída. Ahora bien, los que estaban presentes en aquellas reuniones eran mayoritariamente clérigos, conscientes de que el príncipe de las tinieblas es el padre de la mentira. Como se sabe, para dar crédito a esas supuestas declaraciones hay que usar de una extrema prudencia, porque muchas veces Satanás se disfraza de “ángel de luz” (2Cor 11, 14). Intenta engañar incluso a los santos, como quiso hacer hasta con Santa Catalina de Bolonia, apareciéndosele bajo la figura de Cristo.

Para analizar esas y otras afrentas, se constituyó en la época una comisión de teólogos y canonistas que analizó cuidadosamente el asunto, antes —debo decirlo— de que el vídeo fuese difundido ilícitamente. La conclusión del estudio (todo él documentado y entregado a las autoridades eclesiásticas competentes), en el que se aplicaron las reglas clásicas del discernimiento de espíritus, fue considerar improbables todas esas narraciones; por lo tanto, nunca formaron parte de nuestras convicciones. Si hubiéramos sido consultados antes de la explosión del asunto en los medios, se habría evitado la confusión innecesaria que se produjo en las mentes del público católico.

En cuanto al milenarismo, invito al reverendo sacerdote a leer la carta de mi amigo, anterior a ésta. Si Benedicto XVI decía que los teólogos de la liberación eran los milenaristas de un pasado reciente, ¿qué decir de sus sucesores, los ecoteólogos?

Facta, non verba. El hecho evidente para el público católico es que aquellos episodios —donde se hablaba, entre otras cosas, de cambios climáticos y de un supuesto futuro pontífice— de ninguna manera influyeron en el comportamiento de los Heraldos, que continuaron haciendo el bien con una conciencia recta y tranquila. Si lo contrario fuese verdadero, los Heraldos no habrían aceptado la visita apostólica o el comisariado, unas medidas que, por lo menos, son precipitadas e inexplicables. Por lo tanto, incluso en circunstancias adversas, el amor a la Iglesia ha prevalecido entre nosotros.

4) Sorprende que todavía se quiera resucitar la historia de los Heraldos en Sucumbíos, Ecuador, un vicariato apostólico del área amazónica, después de casi diez años, y precisamente durante el Sínodo. Todo es providencial. Repaso brevemente los hechos: el Nuncio en Ecuador pidió a Roma el reemplazo urgente de Mons. Marañón porque él y su clero habían llegado “más allá de la Teología de la Liberación”. Desde Propaganda Fide pidieron a los Heraldos que asumieran el vicariato. En menos de seis meses desde que se instalaron allí, se verificó entre los fieles un retorno significativo a la vida sacramental, después de 40 años de abandono pastoral. El problema no era la falta de sacerdotes, sino el hecho de que muchos de los que estaban allí preferían Marx a Cristo. Precisamente los sectores que hoy gritan a favor de la abolición del celibato y piden la ordenación de viri probati presionaron políticamente para que se acabara aquel fructífero apostolado, hecho en una región tan carente y de mayoría indígena. Nuestra labor allí, como en todas partes, hay que decirlo, no se centró en cuestiones políticas, sino únicamente en el campo pastoral, esforzándonos por hacer llegar a todos el pan de la Palabra y de la Eucaristía. Los lugareños apreciaron tanto nuestro trabajo, que hasta hoy se puede constatar.

Fue así como los Heraldos se pusieron a disposición de la Santa Sede. Y cuando se les solicitó que se retiraran, lo hicieron rápidamente y en santa obediencia. Esto lo prueba la carta enviada por el Prefecto de Propaganda Fide a nuestro Superior General de la época, y que fue comunicada a nuestro plenario.

Permítame un desahogo: Brasil, tan famoso hoy gracias al Sínodo y también a cierto comisariado, es la nación del mundo con más católicos, a pesar de que en los últimos cincuenta años el porcentaje de ha caído del 95 al 50 por ciento… Esperamos soluciones para contener la hemorragia. Benedicto XVI confiaba en los movimientos misioneros, como los Heraldos, ayudados por la gracia de Dios: “Omnia possum in Eo qui me confortat” (Flp 4, 13). Otros confían en “chamanes” y en la “madre tierra”. A este respecto, me viene a la mente la pregunta profética de Elías al pueblo de Israel: “¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal” (1Re 18, 21).

***

Aprovecho esta oportunidad para decir que algunos amigos míos se están haciendo preguntas sobre las medidas extraordinarias que la Santa Sede ha adoptado con nosotros. La pregunta principal gira en torno al motivo real del comisariado. Algunos dirán que, en el fondo, es por la cuestión de los exorcismos, como muchos órganos de prensa han afirmado precipitadamente. Si fuera eso, ¿por qué las hermanas también han sido comisariadas? ¿Y los laicos?

Por mi parte, con respecto a esa pregunta, confieso que no entiendo el motivo de un comisariado.

Además, sobre las respuestas a las ocho preguntas finales planteadas por los visitadores, y que los Heraldos mencionan en el comunicado de prensa publicado con motivo del comisariado, muchos quieren saber si los visitadores o la Congregación hicieron observaciones al respecto. La respuesta es negativa. De hecho, allí se explica todo exhaustivamente en 572 páginas, con más de 18.000 páginas de documentos adjuntos y de testimonios. Pero, por los canales oficiales, no ha llegado ni siquiera una palabra de respuesta… ¿Por qué? ¿Y el diálogo?

En los buenos tiempos, antes de comisariar a un Instituto, se informaba a los superiores sobre las conclusiones de la visita. En nuestro caso, ni siquiera eso. ¿Por qué motivo?

Como católico y como abogado espero que mis hermanos no se dejen martirizar como mansos corderos… ¡Ha llegado el momento de actuar como leones! Sé que mucha gente piensa así.

Termino. Hace unos días, un compañero que trabaja en nuestro archivo me confidenció un dato revelador… Me aseguró que habían pasado ante sus ojos varios informes reservados, del 2010 en adelante, referentes a comentarios imprudentes, para decir poco, de cierta autoridad vaticana —¿tendrá incontinencia oral?— que anunciaba por aquí y por allá, desde que llegó a la Ciudad Eterna, un próximo “cierre” de los Heraldos; y esto incluso antes de recibir cualquier queja sobre nosotros. Si esto es real, espero que la verdad salga a la luz y se manifiesten las intenciones de los corazones. Entonces quedaría claro que fuimos condenados sin un juicio previo y que tanto los vídeos como las demás acusaciones difamatorias sólo sirvieron de pretexto. La suerte estaba echada: Delendi sunt

Sea como fuere, seguimos confiando: ¡Por fin, el Inmaculado Corazón de María triunfará!


Publicado originalmente en: www.marcotosatti.com

(*) Humberto Luís Goedert, brasileño, es licenciado en Derecho por la Universidad Federal de Paraná (Brasil).

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