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¿Agresión física o ataque a la Iglesia?7 minutos para ler


Agresión física y abuso de los derechos de los niños y adolescentes son los últimos cargos contra los Heraldos del Evangelio. El 27 de octubre, el programa Fantástico de la Rede Globo publicó videos en los que el fundador de la institución, Mons. João Scognamiglio Clá Dias, administraba el Sacramento de la Confirmación a algunos jóvenes. En determinado momento, de acuerdo con la praxis litúrgica, el celebrante da una suave palmada en la cara de quien recibe el Sacramento. Nada de nuevo o anormal … Pero, en opinión de los acusadores, eso constituye “agresión”, “violencia”, “abuso”.

Para la Globo, administrar el Sacramento de la Confirmación de acuerdo con la práctica de la Iglesia sería “agresión”, “violencia” y “abuso”

No es necesario decir que la incriminación chocó profundamente al público verdaderamente católico, e incluso a una gran parte de no católicos. De hecho, muchos de los espectadores habrán pasado por la misma ceremonia o vieron a muchos otros obispos realizando el mismo gesto, y tal vez escucharon a sus antepasados ​​alegrarse con la “palmadita paterna” que el obispo les dio cuando los ungieron como soldados de Cristo. ¡Y nunca se habrían imaginado que el celebrante fuera un agresor, un violador de los derechos básicos de los niños y jóvenes! Este crimen parece existir sólo en la cabeza de los acusadores……

Clasificar como delito un acto que forma parte de un rito de la Iglesia Católica, la cual lo aprobó y estimuló desde hace siglos, es muy grave. Ahora, el sacerdote en cuestión sólo sigue lo que la Iglesia siempre ha enseñado. ¿Estaba él entonces procediendo de modo equivocado al hacer lo que la Iglesia recomienda y aprueba?

Es necesario aclarar un punto fundamental: la Confirmación es uno de los siete Sacramentos de la Iglesia Católica, por medio del cual el fiel, ungido con el óleo sagrado del Crisma, recibe una nueva infusión de la gracia del Espíritu Santo, que perfecciona en él los dones y virtudes sobrenaturales [1]. En otras palabras, lo que el Bautismo da como una semilla, la Confirmación lo perfecciona. Por lo tanto, la persona es “confirmada” en su fe y adhesión a nuestro Señor Jesucristo.

Este sacramento marca, por lo tanto, una nueva fase en la vida de los católicos; adquieren una madurez espiritual que los distingue de los simples bautizados:

Quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras. [2]

La suave palmada forma parte integrante de esta ceremonia, como “rito explicativo”.

La «palmadita» del obispo en la Confirmación es un antiquísimo símbolo litúrgico que representa la voluntad de soportar cualquier ofensa por amor a Jesucristo.

La costumbre de dar esa «palmadita» es muy antigua en la Iglesia y se remonta a los primeros siglos del Cristianismo . ¡El obispo lo hace porque el confirmando es desde entonces un soldado de Cristo! Debe estar listo para defender su fe frente a los ataques enemigos y emprender todos los trabajos para la expansión del reino de Cristo:

La ligera bofetada en la cara recuerda al crismado que, como soldado de Cristo, debe estar dispuesto a soportar cualquier ofensa por amor a Jesucristo. [3]

Además, está totalmente de acuerdo con el espíritu de la Iglesia usar gestos y signos en sus ceremonias, “de manera expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria” [4]. Este es el sentido de los así llamados “ritos explicativos”.

Ahora, ¿esto es una agresión física? Es un absurdo suponer que sí. La intención del celebrante no es causar ninguna forma de daño físico o moral al receptor. Le falta totalmente el animus nocendi, es decir, el deseo de hacerle daño. Más bien, es para beneficiar al fiel con los dones del Sacramento que lo llevan a actuar de acuerdo con el rito y la ceremonia católica.

La exención de cualquier carácter ofensivo se vuelve aún más evidente con la secuencia de la ceremonia. Después de darle una suave palmada y pronunciar las palabras Pax tecum —la paz esté contigo—, el celebrante da el abrazo de la paz al crismado, lo que significa que nuestro Señor será su ayuda y consuelo en todos los embates futuros. Curiosamente, este extracto no fue transmitido en el reportaje en cuestión… ¿Mera distracción o manipulación de la información?

A su vez, el Pontificale Romanum de 1962, que es el libro litúrgico normativo para la celebración de los Sacramentos, trae en una de sus rúbricas: Deinde leviter eum in maxila caedi —A continuación, [el celebrante] da levemente una palmada en la mejilla [5]. La norma litúrgica hace hincapié en “levemente”, excluyendo de antemano cualquier tendencia agresiva.

A pesar de que el Ordo confirmationis publicado el 22 de agosto de 1972 no menciona explícitamente este gesto, no obstante, no se impide su uso, ya que:

1.º) No ha habido ninguna determinación de la Iglesia obligando a lo contrario; tanto es así que muchos obispos todavía lo usan, porque es una costumbre loable, aprobada por siglos de tradición; además, el Motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI ratifica “la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación usando el precedente Pontificial Romano, siempre que lo requiera  el bien de las almas[6];

2.º) Por si no bastase, algunas ediciones vernáculas del Ordo de 1972, como la francesa y la italiana, todavía hacen referencia al gesto, y le dan al celebrante la libertad de realizarlo. Por lo tanto, no se puede acusar a un obispo o celebrante de contravenir la norma litúrgica por este motivo.

La ignorancia religiosa, combinada con prejuicios anticatólicos, es un caldo de cultivo perfecto para una nueva persecución religiosa en Brasil

Entonces, ¿qué fue lo que llevó al Fantástico a transmitir a todo el Brasil esta acusación asaz infundada, diríamos hasta infantil? ¿Será qué la Historia, durante casi veinte siglos, ha asistido, con un silencio culpable, a una tan evidente y pública ofensa a los derechos humanos, hasta que, por fin, llega una red de televisión —no muy amiga de la probidad y la transparencia, como se sabe— que pretende iluminar los “ojos a los ciegos” y quiere calificar de abuso a una suave bofetada, cuando ella misma agrede moralmente a miles de fieles?

Considerando todo esto, el lector necesariamente se ve obligado a sopesar dos hipótesis: que, con esta acusación, la Rede Globo quiere culpar a la Iglesia Católica por permitir un acto abusivo, violento y agresivo en su ritual; o que las acusaciones que se hacen contra el fundador de los Heraldos del Evangelio —y contra la Institución— no son más que un pretexto para mentiras, calumnias y difamación.

De hecho, como dice el refrán, “sólo se tiran piedras al árbol cargado de frutos”…

Viendo todo esto, tal vez una pregunta discreta, pero muy oportuna, esté pasando por la cabeza de los brasileños: ¿Qué pensar del torrente de acusaciones que se han lanzado contra los Heraldos del Evangelio en los últimos meses, acusaciones siempre fraudulentas, sin pruebas ni testigos?

La marea de incriminaciones infundadas, falsas y detractoras a la que han sido sometidos los Heraldos no es más que el preludio de lo que puede llegar a ser la coacción total de la libertad de la Iglesia y de su influencia benéfica sobre esta nación.

Brasileños, ¿vais a permitir que esto ocurra?


[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1303.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1285.

[3] RIBOLLA, José. Os Sacramentos trocados em miúdo. São Paulo: Editora Santuário, 2000, p. 24.

[4] Sacrosanctum Concilium, n.º 21

[5] Pontificale Romanum: Editio Typica 1961-1962. Città del Vaticano: LEV, 2008, p. 10.

[6] BENEDICTO XVI. Carta apostólica en forma de motu proprio Summorum Pontificum. 7 de julio de 2007. Disponible en: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/pt/motu_proprio/documents/hf_ben-xvi_motu-proprio_20070707_summorum-pontificum.html. [Consultado: 2 de noviembre de 2019].

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